11 de agosto de 2026

Los arrecifes [v. 2026]



Yo me vi rodeando el mundo.
M. D. Ostiz Espila

Cast a cold eye
on life, on death.
Horseman, pass by!

W. B. Yeats

En el principio era el vacío
que fue llenándose de tiempo
que después urdía el espacio
mientras el cuark daba sus dimensiones
al cósmico potaje primordial,

el universo rodeaba el mundo,
no sabes cómo sufrí,
prosperó la tierra sobre la roca,
escampaba en la tundra
tras el tumbo de la sizigia astral,

descendió desde la fronda inestable
la gota que aviva el vaso
en la pútrida charca de los evos,
cabalga, jinete, galopa
hasta el exacto centro del breñal,

en donde no existen tiempo ni espacio
y la fuerza electromagnética
sigue guardada en el cofre,
polvo en el yermo,
de la sabiduría insustancial,

y abajo se fue al carajo
y arriba también se iba,
pero ¿quién tú erraste que eras?
déjate de roneo,
mi persistente amor circunstancial,

que el queso tiene ya bastante oreo,
y encanto hizo otro tanto
y extraño, también ya antaño,
polvo en el páramo,
dadme una sola premisa cabal

y desquiciaré el cosmos,
y cima rizó la rima
y fondo se fue muy mondo,
en éxtasis, la singularidad
excretó un puro caos genital,

el huracán arranca el brezo
pero olvida algunas raíces
en donde nadie ha ido, nadie va,
ante un túmulo de granito
renunciaré a mi esencia incidental,

ningún nudo es imposible
para la culebra en el prado,
grita en la selva, salta en la sabana,
para el reptil en su cubil
o la elíptica boa en el marjal,

las coordenadas del tiempo
se ocultan detrás de la realidad,
invoca a la bestia que amas
en esta tierra que temes,
perpleja, hermosa, ingente y eventual,

danza la danza primera,
cuando en estas noches sin luna
las estrellas no vacilen ahí,
ni para ti ni por mí,
en la ciega ciénaga celestial,

galopa, Peredur, cabalga,
durante ya mucho han ardido
y seguirán burlándose después
de nuestra última disolución
en la apática nada inmaterial,

cabalga, ebrio jinete,
a la más profunda irrealidad,
tal vez en el bentos arcano
anémonas, algas y arena
quieran ser el ensueño del coral,

explora el valor de los mitos,
silencio oscuro en los suburbios,
en la estepa amazonas,
dame un poco de tu fango de estrellas,
toma mis genes de neandertal,

oh dueña de la gran caverna,
jamás has jugado en la playa en otoño,
oh tu quiebra de dionea,
puño y brazo arriba y abajo
con furibunda furia funeral,

versus los versos subvertidos,
azorado, azuzado y azotado
por cualquiera de las tantas incógnitas
que te ayudan a subsistir,
cabalga el ralo polvo del erial,

en resumen sucede que
de la fábula, la miga
es que lo cierto es que la hormiga
jamás aprendió a remar
ni a cantar salmo alguno del misal,

preferiría que no pero sí,
por lo tanto investiga el miedo
y el oscuro silencio de los bloques,
eh, Perlesvaus,
¿dónde habrás extraviado tu graal?

allá el mizo ni vive ni la diña,
rodeando el mundo, no sabes
de qué manera morí,
los cuantos difractan la luz
en las rendijas del pulso espectral,

sí, los días están muy flojos,
ay, descomedida desdicha
haber nacido para atornillarlos,
si bien a veces la belleza
es el falso don de un hada fatal,

krummholz bajo la nieve,
nadie quiere, nadie da,
solo el espacio vigila al espejo,
solo el zorro del desierto distingue
la entera incorporeidad del nagual,

la urdidora del tiempo,
oh, araña de los milenios,
la tegenaria acomodó su tela
entre las vigas del salón,
lejos de la lámpara de cristal,

qué repuñetera desgracia,
me abría sus montes de cromo
y me vedaba sus valles de iridio,
pronto averigüé que no discernía
tal revirado proceso mental,

porque solo en la subrazón subsisto,
redondeando el mundo y no sabes
cuántos cuantos padecí,
obvia al ciprés sobre el collado,
aunque rompe la rama, el vendaval,

nadie estuvo, nadie está,
y es eléctrico el amor,
y es ele-eléctrico-trico el ardor,
la eternidad es todo el tiempo,
desde, allá, el principio hasta, allí, el final,

líquenes en la taiga helada,
brinca en el bosque, chilla en la turbera,
y por fin deduje que nadie,
sí, Percevaus,
percibía este vuelco intelectual,

oh, sibila, tú
aún al kuros recuerdas, erecto
so los capiteles del templo,
mas yo sí podía alcanzarlos
según seguía la danza ritual,

multiplica tu saber por el radio
de un gluon, oh, el extraño encanto
de ir de arriba hasta el fondo
y desde abajo a la cima
como y cual partícula elemental,

mira al firmamento, aúlla en la hoya
a los longiexpectantes
decenas de centenas de millares
de millones de universos
en tu somnolienta mente animal,

entretejía la araña sus hilos
justo en las caries del león,
expertos en razones infundadas
tacharon líneas, suprimieron páginas
del sosegado poema invernal,

oh, inusitado infortunio
el haber nacido yo
en estos días complacidos
en la medida del eco de un cuark
mediante el zum del tiempo desigual,

el viento ejecuta a las hojas
pero indulta al aislado tallo
como una fútil ofrenda a las nubes,
el presente es un reflejo
del paso del futuro ocasional

y el futuro es tan viciado
cuanto el pasado es impuro,
pero ahora estoy buscando un espejo
que ya no pueda atravesar,
danza y avanza en la danza tribal,

nadie ha visto, nadie va,
nadie ha ido y nadie ve
que no hay nadie y nunca habrá,
tan solo el dolor te enseña a sufrir,
aquí o en cualquier precario pedregal,

desde las murallas de Ur
veía los cadáveres flotando
por entre los junquerales del río,
hey, Parzival,
¿en dónde hostias olvidaste el grial?

silencio y tiniebla en suburbia,
preferiría que sí pero qué,
allí no ha muerto el mico ni vivió
y los cuantos hipnotizan la luz
sobre la urdimbre del tiempo inercial,

yamnayas en las playas,
lo que ignoras es todo lo que sabes,
oh, no torturéis, desalmados,
mi alma caducifolia
con las sirenas de cada arenal,

del golfo de Botnia al abra de Aldán,
ya me voy a los arrecifes
a terminar aturdido y a solas
mi urente aguardiente de guindas,
el viento envía hojas de nogal

hacia los hondores del mar,
sibila, oí tu voz
y aun pienso que descifré tus enigmas,
sí, la eternidad no es tan larga
que no pueda tener un buen final,

contra el gemido de la tempestad,
pero iba entonces algo sobrio
y no creo que llegue a recordarlos,
oh, no atormentéis, desmedidos,
mi pobre alma infinitesimal,

el chamán se orinó en las manos
y el profeta eructó su antientropía
sobre el oleaje de la resaca,
espumas y aerosoles,
gritos entre el grito del temporal,

va la gota a la poza primigenia,
la gravedad se incrementa
hasta que no permite ni pensar,
eléctrico el ardor
que fluye a la humedad del cenagal,

crambe en la duna,
cadáveres entre los juncos
cabe las nuevas murallas de Ur,
guay, Perceval,
baila y rebaila tu baile habitual,

a hierro mueren las estrellas,
como los humanos, y sus cadáveres
devienen frías supernovas
y púlsares y estrellas de neutrones
yaciendo en el abismo sideral,

reducidas a polvo y gas
que realimentan al universo
del modo en que en el cieno tus despojos
realimentarán al cieno
y renovarán el ciclo vital,

y por fin será el vacío del tiempo,
sargazo sobre la peña,
luego de órbitas y esferas
la sirena en los arrecifes
susurra su cantilena a la sal,

deja que la música ahuyente al miedo,
no silbes en la penumbra,
páginas manuscritas extirpadas
de algún cuaderno escolar,
musgos debajo del hielo aluvial,

guiado futuro, inseguro pasado,
nunca ha sido y no será,
humanos, en verdad no os merecéis
ni la lluvia de que estáis hechos,
y el oscuro silencio suburbial,

el kuros permanece empalmado
so los frisos de la ciudad sagrada,
clama fiera en el soto,
brinca feroz en el páramo,
muestra tu fuerza de neandertal,

nunca ha habido y nada habrá
en los vértices del espejo,
mais, sire Perzeval,
la eternidad no es tan larga
si sabes resistir hasta el final.


egm.2026

4 de agosto de 2026

Luz ni voz



¿Cuál es el eco,
cuál es la sombra
que al eco asombra
y en sombra es hueco?

Es eco o sombra
o es sombra o eco
y es huero hueco
que a sí se asombra:

apenas eco,
acaso sombra,
el Hombre asombra
de mero hueco.

No es luz, es sombra;
no es voz, es eco.


egm.2026

25 de julio de 2026

Leda y el pato Lucas en Jauja



Grab sex things, swing up over the horizon
like a boy on a fishing expedition.

J. Ashbery

El alma, oh gansos, vuela más allá de las plazas
de asfalto y cemento, acaso en busca del tiempo
embotellado bajo los semáforos, alguna vez
pensamos del mismo modo, entonces, el alma,
oh ánades, finge creer que puede ver, o entrever

—allá, cuando joven, encrestado pollo inmaturo—
lo que los demás, oh, no verán ni vislumbrarán,
aunque no hubieran ya rechazado conocerlo,
ni imaginar, no como un don ni maldición, era
—quizá— el trozo de tarta que le tocaba morder,

fusquividencia, quiso llamarlo, y todo parecía ser
más real, mortus est qui non espernexa, decían
los agricultos en la taberna, y pelillos al amar,
intercalaba dibujos animados sobre una mesa
retroiluminada, fluorescentes y plástico blanco,

días rotos, horas huecas, el rayo extemporal
va del pasado al futuro, dando un raro rodeo
por detrás del presente, hacia el jamás, pronto
los amos del ruido prohibirán hablar del silencio,
ai cervas, cervos do monte, vin-vos preguntar,

¿sobrevuelan aún los gansos el sacro Himalaya?
los hielos retroceden y avanzan los desiertos
ante la ceguera indiferente de los grandes sordos,
cuando la tromba llegue no podrán escucharla
bajo el rudo ruido estremecedor de sus falacias,

mientras finge el alma, oh ánsares, que el tiempo
no ha pasado, lo que está sucediendo —en ese
tiempo— es que el tiempo ciertamente no pasa,
o simula el alma que finge que no va pasando
el tiempo que, mientras, no cesa de devorarnos,

oh, vale, es mejor no explicar nada sino intuir
cómo huye el presente hacia el pasado, cómo
fluye el futuro a nuestro lado y se pierde entre
las acuosas neblinas del recuerdo intercalado,
y el alma, oh ánades, simula saber, o entender

—allí, también ahora, resabido raposo rancio—
lo que los otros, oh, no pueden saber ni suponer,
aunque no hubieran ya rechazado conocerlo,
ni imaginárselo, no ningún don ni maldición, es
—quizá— el pedazo de hueso que le ha tocado roer,

clariceguera, suele llamarlo, y todo parece ser
como aún más confuso a la vez que irrelevante,
las razones del tiempo, oh anátidas, van más allá
del antes, del ahora, del siempre y del nunca más,
y entre fusquividencia y clariceguera, descrédito,

mas en el néctar y la ambrosía se deleitan los dioses
que desgobiernan los vanos humanos devenires
en sus altísimos palacios de aire y vaho, el humo
grasiento de las ofrendas apenas llega hasta ellos,
diluido en rezos, plegarias, falsedades y rudo ruido,

conque no cesa el tiempo de devorarnos, masticarnos
y engullirnos mientras, felices pajarillos, piamos
entre el follaje y la maleza de los urdidos días que
de mohosas bayas e insectos secos nos alimentan,
oh petirrojos, herrerillos, jilgueros, oh gorriones,

no por mal que si bien convenga, parpó el parro
en su lienta ribera, nadie —quizá— ha visto tanto
como el que jamás quiso ver, ni tampoco imaginar,
recuerda solo, princesa, que el tiempo romperá,
con un atroz crujido, por donde siempre rompe,

y en las verdes hierbas vi pacer las ciervas, ma car,
asgámonos a lo sexual, que es cuanto tenemos
y tendremos, e tendresa, et tendresse, ma cherie,
bamboleándonos como niños sobre la incertidumbre,
pues ya el tiempo, a su tiempo, se nos engullirá,

tal vez, entonces, pensábamos del mismo modo,
pero el alma, oh fraude, vuela y retoza audaz
más allá de donde nuestra vista y oído alcanzan,
muy lejos del hormigón y las pétreas soflamas
que construimos y nos construyen... y a todo esto

la hija de Testio, la de los lindos bucles, no llevaba
nada bien los brutales caprichos sexuales del cisne,
así que una buena mañana le dijo: ¡que te den néctar!
y se piró a entrampar patos a las riberas del Aqueloo,
y es que esto no es Hollywood, princesa, esto es Jauja.


egm.2026

15 de julio de 2026

69



¡Nada que celebrar!

una vez más, oh laureles,
oh boj, oh aulaga, oh mirto,
verdiginosa hiedra, una vez más;

la corvadura del cuervo,
dit le soixante-neuf:
el sesenta y nueve:

no es un número del todo redondo
aunque sí son unas cifras
que parecen tener cierta gracia
—y resultar incluso excitantes—
cuando aparecen juntas,

para mí —lo he dicho antes—
no tiene mucho sentido que uno
(o una) trabaje mientras el otro
(ò otra) está trabajando
delicada, absorta, entregadamente;

pero de colores y sabores
todo ya ha sido reescrito en la sal;

y una vez más, oh hiedras,
a la tierra silenciosa miento: fluyo,
al río en las peñas juro: soy;

¿el tiempo pasa?
pasamos nosotros
pero el tiempo permanece,
inmutable, inconmovible, feroz:

es una herida de daga terrible;

titilantes luces lejanas,
tendidas sombras del atardecer:
cantan los jilgueros en el cardizal
—no paran de parlotear—
sobre la irreparable pérdida
de la lascivia y voluptuosidad;

no hay verano sin frialdades
ni invierno sin ardores
en esta desolada tierra —fluyo
contra el río sin final,
soy, mientras no me olvide de existir—,
la dulcísima primavera
ha dejado de importar;

espíritu y sangre fluyen
hacia el marjal,
el tiempo nos sumerge en los pantanos
de la efímera eternidad,

negación vana y evasiva excusa
de la piedra que ahoga
y el hierro que quema y hiere;

así pues que el agua siga su curso,
permanezca silenciosa la tierra
mientras el árbol doblega sus ramas
bajo la inexorable nieve,
presto a la definitiva caída;

muchachas de suspicaces sonrisas,
chicos petulantes y ansiosos,
¡comed!
que pronto comeréis la propia vida
hasta la plena indigestión,
hartaos de comer;

y una vez más, oh aulagas,
oh laurel, mirto, oh siempre verde hiedra,
herida de daga terrible es;

por sobre los farallones,
lejos de las playas desocupadas
vuelan los cormoranes sigilosos
como mueren los días;

soixante-neuf:
la trabazón de los cuervos:
sesenta y nueve años, pues, ya, hoy:
nada que celebrar.


egm.2026

5 de junio de 2026

Y así cuentan que obró Menelao



Like a slow burn,
turning us ’round and ’round and upside down.

D. R. Jones

Calma crónica,
todos los rumbos perdidos
en esta terrible ciudad,
viviendo lento
pero en la máxima velocidad,

ardiendo lento,
porque lo deseo, te tengo,
porque y te tengo, lo deseo,
mais m’sieur l’amour il est en fuite,
en realidad,

hipocondríacos hambrientos
muriendo lentos
bajo la máxima velocidad,
el precio de tus ojos,
enredando laberintos,

retorciendo en espirales,
desiguales e indistintos
pues y así cuentan,
mundos mudos e irreales,
pagaré con mis despojos,

cuando el cuero y la coleta,
animalizándome,
esperando que el deseo
me mantenga fiero y feo,
sí, tan fluida,

con tus líneas contundentes,
ahora y tú toma estos tres,
todos juntos veintitrés,
en esta risible ciudad,
y pues qué tú eres

desde el ocaso hasta el fin,
tan rotunda y tan morbosa
con el tallo de la rosa
en el cáliz del jazmín,
que en los cartílagos me hieres,

el deseo
que alimenta el deseo,
que remultiplica el deseo,
arde y, fluida, vuelve a arder,
retroalimentándose de deseo,

muerdo otoños, nado inviernos,
cruzo avernos,
cuanto más tengo, más quiero,
cuanto más quiero, más deseo,
vuelve y vuelve y vuelve a arder

hasta alcanzar la extenuación
que y arde arde y arde,
deseando que el deseo
fluya y tierno fiero y feo,
vuelve a arder,

pero danzamos en la claridad
mientras juegan con nuestras vidas
en la oscuridad,
pues y así cuentan que obró Menelao,
que cuando vio las manzanas de Helena,

despojada ante él,
la espada arrojó muy lejos de sí,
cuentan que así Menelao,
y luego alzó su ardiente daga
para hendirla en lo más profundo

del profundo corazón de Helena,
la de níveos brazos y luengo peplo,
divinal entre las mujeres,
vuelve y a arder,
el pago de mis ojos,

esparciendo en espirales,
deslavando laberintos
desiguales e indistintos
mundos mondos e irreales,
cobraré con tus despojos,

miedo arriba y miedo abajo,
toma y estos otros tres
y lo que quieras tomar,
con tus concluyentes líneas,
reflexionando en el vuelo,

inflexionando el deseo,
en esta penosa ciudad,
pues así cuentan, quiero y veo,
y en tu flujo, fluida, fluyo,
vuelvo y a arder.


egm.2026

2 de enero de 2026

Eco y silencio



1, ay

Todo final es un principio
—¿qué tú eres?—
para un nuevo final,

los perros vagabundos olisquean
el frío de la noche
buscando sinapsis que ya no existen

sino en algún silencio del pasado,
ay, del efímero tremor del tiempo.


2, bah

Camino hasta el extremo de la playa,
paso sin mirarla —ni al cementerio—
junto a la iglesia;

me siento en el tosco banco de piedra,
dejo a un lado la cámara,
me lío un cigarrillo;

fumo mirando al tembloso horizonte
—fugado atardecer—
y pienso en lo de siempre,

pensando en que no pasa nunca nada
con lo de siempre;
y pienso que, bah, nada.


3, ya

Quizá
en la tarde volátil
lo que echas de menos es no un lugar,
ni tampoco una época;

acaso
lo que persigues es
un sentimiento o una sensación,
apenas un temblor…

tal vez
ya un tono de la luz,
ya el paso de un aroma que se esquiva
en el trivial instante.


4, etc.

En la noche de ventisca salgo
al balcón a fumar el último
cigarrillo que me queda;

el viento me lo arranca de la boca
y un canalón suelto tañe
una metálica y cruel carcajada,

—¿qué tú eres?—
el silencio, tras las cacofonías
y ecos de…

etc. etc.


egm.2026

1 de enero de 2026

Máscara


[Apropiación indebida]


La misma máscara.
Bashō

El año entero
la máscara de mono
oculta al mono.



A partir de → Matsuo Bashō, Año tras año

egm.2026